Hoy hablo desde Gernika,
desde esta tierra
que aún siente el horror del bombardeo,
que no debería haberse repetido nunca más,
ni aquí ni en ningún otro sitio.
Hoy me domina la vergüenza,
vergüenza de ser hombre,
hombre blanco y europeo.
Vergüenza… de ser humano.
¿Cómo es posible que en pleno siglo XXI
haya líderes —y pueblos que les siguen—
que aún crean que preparando la guerra…
¿construyen la paz?
Cómo aceptar,
con complicidad e impunidad,
la limpieza étnica en Cisjordania y Gaza,
la traición al pueblo saharaui,
las guerras por encargo en Ucrania,
en Sudán y en medio mundo?
Siento vergüenza
por la doble moral de nuestros gobiernos,
que condenan las atrocidades de los enemigos…
y justifican las de los aliados.
Predican la paz… alaben al Papa Francisco
mientras se lucran con el negocio de la guerra.
Siento vergüenza de Occidente
por los siglos de colonización,
de explotación y violencias
que siguen, que no se detienen.
Estamos secuestrados
por un monstruo de muchos tentáculos:
el complejo militar–industrial…
denunciado por Eisenhower,
que hoy también es
complejo político-mediático y financiero!
Este monstruo…
nos fabrica enemigos,
nos alimenta el miedo,
y nos roba la esperanza.
Y la ciudadanía, ¿dónde está?
¿Dónde está, dónde estamos, el millón de jóvenes
¿que rechazamos el servicio militar?
Ya no basta con firmar manifiestos.
Ni que llamar a las calles.
Necesitamos actuar. Organizarnos. Resistir.
Ante este lobi de la guerra…
como propone Moratinos,
construimos el lobby de la paz.
Cada semana durante 30 meses,
reclamamos “paramos las guerras”,
paramos las guerras,
frente a veinte ayuntamientos catalanes
y delegaciones del Ministerio de Defensa.
Hoy, un centenar de
primeros objetores e insumisos
le invitamos a sumarse a la campaña
«Conciencia contra la guerra»!
Con un compromiso de decir no:
No con nuestro voto.
No con nuestros impuestos.
No con nuestro trabajo, nuestro tiempo, nuestra vida.
Ni con la vida de nuestras hijas e hijos.
Con un compromiso de decir sí:
Sí a defendernos, pero sin matar,
sin odiar, sin destruir.
No es una utopía.
Ya hay miles de grupos que luchan
por una Tierra habitable para todos
con coraje, con dignidad, sin rencor.
Es hora de ser ese ejército de la paz,
ese ejército sin armas,
el Santi Shena de Gandhi.
Una red viva… que protege sin destruir.
Una red de Autodefensa Civil Noviolenta
alternativa a la Defensa Militar Violenta.
Y cumplimos lo que dice la regla de oro,
común a todas las culturas y religiones,
también como norma política:
“No hagas a los demás
lo que no quieres que te hagan a ti.”
Porque o abolimos la guerra…
o la guerra… ¡nos acabará aboliendo!